Fotocopias – Relat eròtic guanyador 2013

Laura estaba fotocopiando aquellos estupendos apuntes de termodinámica en la soledad del 5º piso del ETSEIB. Aquel sábado, cuando quedaban cinco minutos para las diez de la noche, el edificio se encontraba especialmente tranquilo y oscuro.

De hecho, la 5ª planta estaba tan sumida en la penumbra que no podía vislumbrar el fondo del pasillo en el que se hallaba. Veía su reflejo en una de las ventanas; era alta y de piernas largas, de pelo rizado oscuro y ojos grises. Sus facciones no resaltaban especialmente por su belleza, aunque cabe decir que sus labios eran gruesos, mucho más el inferior que el superior, lo que hacía que su expresión fuese siempre muy sensual. Laura tenía tipazo; en su busto resaltaban sus redondos y grandes pechos; gastaba una 95. Tenía una cintura estrecha de avispa y unas caderas muy potentes que terminaban en un culazo impresionante, redondo y respingón, que daba muchísimo juego.

Mientras se las apañaba como podía con la luz del escáner y la de los fluorescentes de delante de los ascensores, acudió a ella la imagen de James, un chico dos años mayor con el que había pasado un par de noches muy divertidas en el último mes. Le encantaba, todo él; su casi metro noventa, su pelo rubio, sus hoyuelos, sus enormes manos… y aquel discreto acento inglés. Tenía unos ojazos azul-verdoso increíbles y un culo de deportista impresionante. Laura sabía que el chico se hallaba cinco plantas más abajo, en la Sala de Estudios, del mismo modo que sabía que cuando ella se había levantado, James le había mirado el culo y había sonreído.

Colocó de nuevo los apuntes sobre la bandeja de la fotocopiadora y fue a pulsar el botón. Entonces se oyó un “ding” y se abrieron las puertas de uno de los ascensores. En el fondo, antes de que su escultural figura saliese al pasillo, ya sabía que era James. Empezó a calentarse.
— Hola— saludó ella, cuando él se acercó.
— Hola, ¿cómo va?— contestó, y dudó.
“Ha venido a hablar” pensó Laura, “pero no le voy a dejar terminar ninguna frase. No hasta dentro de un rato”.

Y puso la mirada. Era aquella mirada de ojos grises que James tan bien conocía. Esa mirada perversa que decía, sin lugar a dudas, “fóllame aquí y ahora”.
James la cogió por la cintura y estampó sus labios contra los de ella. La boca de Laura se abrió como una flor en primavera, buscando la suya, húmeda y sedienta. Puso sus manos sobre el duro culo del chico, mientras las enormes manos de James se colocaban una al lado de la cara de Laura y la otra sobre su cuello, con el pulgar en la garganta, sintiendo el latir de su sangre. Sintiendo aquel deseo de sexo salvaje en la penumbra del 5º piso del ETSEIB.

Le comió la boca, una oreja, y luego bajó por el cuello. Le absorbió la piel durante unos instantes, y después la cogió en volandas y la sentó sobre la fotocopiadora, sin ser delicado, salvaje como a ella le gustaba. Le desabrochó la camisa con tanta prisa que arrancó el último botón, mientras Laura no podía más que cerrar los ojos y besarle la cara. Con mano experta le desabrochó el sujetador y lo tiró al suelo, parándose un instante a contemplar aquella maravilla: los pechos de Laura eran grandes y bien formados, y su estrecha cintura los hacía parecer aún más grandes. En esos momentos tenía los pezones duros como piedras, anhelantes. Y James les dio a esas impresionantes tetas el trato que merecían. Cogió la derecha con una mano y la apretó con fuerza mientras rodeaba la otra con la lengua, la chupaba y disfrutaba con ella. A esas alturas, el tanga de Laura estaba empapado. Se metió una mano en los pantalones y se calmó un poco mientras con la otra agarraba por la nuca a James y aplastaba su cara contra sus tetas. Él se dedicó a un pezón. Lo lamió con la punta de la lengua y luego lo puso entre sus dientes, primero suavemente. Luego lo mordió, haciendo que Laura se estremeciese por la excitación, lo mordió con más fuerza, hasta hacerle daño.
— Te gusta, ¿eh? Te encanta.
— Cállate y cómeme el coño, cabrón— contestó ella, sonriendo, mientras le quitaba la camiseta al chico.

Cuando Laura vio de nuevo el torso desnudo de James, tuvo que reprimir un gemido. Tenía los hombros anchos y musculados, y unos brazos propios de un chico que ha jugado a waterpolo toda la vida. Uno fino bello rubio le recubría los esculturales pectorales. Antes de darse cuenta, él ya le había quitado los pantalones. James se agachó un poco y ella, estando sobre la fotocopiadora, se quitó las bragas, dejado al descubierto su pubis, totalmente depilado. Puso sus piernas sobre los hombros de aquel increíble anglosajón y dejó que le comiese bien el coño.

James no necesitó humedecerse la lengua. Laura estaba tan mojada que su flujo llegó hasta el cristal de la fotocopiadora nada más quitarse el tanga. Su coño estaba salado y eso a James le gustaba mucho, porque un coño debe saber a coño, no a lavanda. Separó un poco sus labios vaginales y hundió su lengua hasta el máximo, mientras ella lo cogía por el cabello rubio y le susurraba que no parase. La boca de él se empapó con la esencia de Laura. Le besó los labios y le lamió el clítoris. Luego Laura empezó a levitar. Dejó de mirar a James, agachado, con la boca en su coño y esa mirada de placer tan traviesa, y levantó las caderas.
— Oh, Dios mío, no pares, no pares. Más rápido.

Él le agarró los dos glúteos con fuerza y lamió con más intensidad. Incrustó su cara en el coño y pasó la lengua una y otra vez por todo su interior. Fue entonces cuando Laura tuvo su primer orgasmo en toda la noche. Sus contracciones llegaron como una exquisitez a James, que siguió lamiendo hasta que los latidos del coño de Laura pararon, al cabo de lo que fue un largo rato de placer para ambos.
Entonces, de un salto, Laura bajó de la bandeja de la fotocopiadora y buscó su tanga. Pudo leer el asomo de decepción en la cara de James, que se había puesto en pie apoyado contra la pared.

— ¿Crees que me voy a ir así, sin más?— dijo ella, poniéndose los pantalones, pero sin ni siquiera subirse la bragueta.
Dicho esto, sin esperar respuesta, se arrodilló delante del chico y le bajó los pantalones. El bulto que se intuía en los calzoncillos de James no era tan grande como cuando empezó a besarla, pero eso no le preocupaba.
— Voy a ponértela bien dura para que puedas follarme bien— dijo Laura.

Usando una mano, cogió el pene de James y se lo metió en la boca. Puesto que no estaba aun totalmente erecto, y Laura era de garganta profunda, le cupo casi entero.

Empezó a chupar con movimientos lentos, tranquilos, acompañados por su mano, que sujetaba la sujetaba con fuerza. Lamió la punta y otra vez, circularmente, y se la volvió a meter casi entera. Luego se la sacó de la boca y pasó la lengua por el tronco, una y otra vez. Arrodillada como estaba, miró a James a los ojos, el cual la estaba observando con su mejor cara de vicio.
— Que bien que comes la polla— dijo.

Ella volvió al trabajo, chupando cada vez más rápido. En esos momentos la erección estaba llegando a su punto más álgido. Le chupó los huevos e incluso el escroto, durante unos segundos, para luego volver a la polla. James le colocó las manos sobre la parte posterior de la cabeza y empezó a hacer movimientos hacia adelante, instando a Laura para que fuera más rápido. Pronto aquello se convirtió en una increíble follada de boca, en la que Laura estaba totalmente entregada.
— Sí, Dios, sí, sigue, así— murmuraba él.

Tuvo un par o tres de arcadas cuando James empujó su polla hasta el fondo; su garganta hacía un ruido de atragantamiento y placer que estuvieron a punto de hacer que James se corriese del gusto. Pero Laura, que ya no necesitaba las manos para hacer aquella increíble mamada, se estaba masturbando inconscientemente, y quería ser follada.

Paró la felación y miró a James.
— ¿Llevas un condón?
— Claro.
La ayudó a levantarse y le bajó los pantalones de nuevo.
Entonces, Laura se colocó delante de la parte lateral de la fotocopiadora y se dobló por la cintura hasta que sus pezones, duros como piedras, rozaron el frío cristal.
James tuvo que parar un segundo antes de ponerse el condón para serenarse un momento. Aquella morena de curvas de vértigo inclinada sobre la fotocopiadora de la universidad, con todo su esplendor, el pelo cayéndole a un lado, la cara sedienta de sexo y su culo, en pompa, ofreciendo su coño en su total disposición, era una visión de la que no se gozaba cada noche de estudio.

— Que buena que estás— le dijo, estando en pie. Con los pantalones desabrochados, el pene totalmente erecto, enorme, y los pectorales desnudos, con la piel enrojecida por la excitación, James también ofrecía un increíble espectáculo a la vista.

Sin esperar un segundo más, se puso tras ella y la empotró. No fue delicado, y no tuvo miramientos. Sabía que el coño de Laura estaba más que dilatado. Los flujos de su vagina la mojaban entera, y Laura empezó a mover las caderas al ritmo de sus embestidas. Se sujetó al otro borde de la fotocopiadora mientras James le agarraba las tetas con fuerza.

— Oh, Dios, sí, no pares— decía ella, totalmente entregada.
James le soltó un cachete en el culo que resonó en todo el pasillo. Su culo, durísimo, se enrojeció un poco, pero ella pidió más. Luego le metió dos dedos en el ano, como sabía que a ella le gustaba, y siguió dándole.
— Dame por detrás— dijo entonces Laura, jadeando.
— ¿Qué?
— Que me petes el culo.
James no necesitó más palabras. Sacó su empalmadísimo pene de la vagina de la chica y lo colocó en la entrada de su culo. Los flujos de la chica serían suficiente lubricante. Y si no, gritaría; nadie los iba a oír.
Esta vez fue más despacio: con las manos separó los perfectos glúteos de Laura y fue empujando con su miembro hasta que, entre gemidos de dolor y placer, lo tuvo dentro. Luego empezó a mover las pelvis mientras Laura jadeaba de placer. La delicadeza de James también le gustaba, y en ese caso lo estaba siendo, a su modo. James le metió dos dedos en el coño y masajeó el clítoris al mismo ritmo que le follaba el culo.

De pronto, dada la quietud del momento, ambos tomaron conciencia de que estaban haciéndolo en su universidad, sobre una fotocopiadora, donde unos pisos más abajo decenas de alumnos estudiaban. ¿Sería la primera vez que la soledad de aquel piso era usada así? Lo dudaban.

Ambos empezaron a moverse más frenéticamente. La pelvis de James embestía ahora más fuerte, y la visión de la espalda desnuda de Laura le puso aun más cachondo, si eso era posible.
Ella aplastó su busto contra el cristal para notar aun más sensaciones en su cuerpo.
Fue entonces cuando James, involuntariamente o no, pulsó el botón verde, que estaba listo para imprimir.

El sonido del escáner reverberó en todo el pasillo. La luz iluminó la silueta de Laura en todo su esplendor, y James siguió dándole por detrás mientras las tetas de la chica eran fotocopiadas (¡a color!).
— ¡Más fuerte! ¡Más fuerte James!— pidió ella.
A James se le aceleró el pulso aun más. Sujetó las nalgas de Laura con fuerza y se encajó en el culo de la chica como si fuesen uno.
— Oh, Dios mío, oh…— dijo, antes de meterle los cuatro dedos en la vagina.
— ¡Sí! ¡¡Así!! Oh, sí.

El gemido que profirió Laura, acompañado por su segundo orgasmo y las contracciones, llevaron a James a correrse. Tuvo un orgasmo largo, acompañado por el suave contoneo del culo de Laura, de sus caderas, de sus pechos…

Cuando terminó, se apoyó un momento contra la espalda de la chica, le apartó el pelo y la besó en la nuca.
— Increíble— dijo.
Se vistieron con calma, sin ningún tipo de prisa. Luego fueron al baño que había al lado y, al mirarse al espejo, se dio cuenta que sería difícil disimular lo bien que se lo había pasado fotocopiando apuntes.

Cuando bajaban en ascensor, en silencio, pero sonriendo, James habló primero:
— Venía a pedirte apuntes de termo.
— ¡Pero si estás en quinto!
— ¿Y? Oh… ¡no!
— ¿Qué pasa?
— ¡Las fotocopias de tus tetas! Nos las hemos dejado ahí. Voy a buscarlas.
— Da igual— dijo Laura—. Nadie las va a reconocer.
Al día siguiente, un profesor de mecánica se llevó una gran alegría.